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La manera de distinguir, segmentar, organizar los colores cambia de cultura a cultura. Aunque se han identificado algunas constantes transculturales, parece cuando menos difícil traducir términos de color entre lenguas alejadas en el tiempo o de civilizaciones distintas, y se ha observado que el significado del término «color» es una de las peores marañas de la ciencia. (Eco, 2009: 462) El color en traducción no puede reducirse a pura materia y luz universales porque la sociedad de la cual traducimos y la sociedad a la cual traducimos construyen culturalmente sus propios colores. Como el símbolo o la imagen, el color en traducción es un fenómeno cultural que cada sociedad, cada civilización, vive y define de manera diferente según los contextos espacio-temporales. El único discurso posible sobre el color en traducción es de naturaleza social y antropológica. Cada cultura tiene sus colores favoritos, sus propias referencias plásticas que construyen estructuras simbólicas propias de complicidad, de placer o de rechazo. Cada cultura, cada civilización, cada época ha creado su propia simbología de colores y el traductor lee e interpreta los valores simbólicos otorgados a cada color para-traducirlos. La couleur est d’abord un fait de société. Il n’y a pas de vérité transculturelle de la couleur, comme voudraient nous le faire croire certains livres appuyés sur un savoir neurobiologique mal digéré ou – pire – versant dans une psychologie ésotérisante de pacotille. De tels livres malheureusement encombrent de manière néfaste la bibliographie sur le sujet. (Pastoureau, 2002 : 5) La imagen y sus colores deben ser traducidos de una vez por todas. Una docencia universitaria de grado y de posgrado, con mención de calidad dedicada a formar futuros profesionales de la traducción, debería tener en cuenta de la necesidad pedagógica de iniciar a los estudiantes en la lectura e interpretación de las estructuras simbólicas de la imagen en traducción. Los diferentes sistemas simbólicos de cada cultura influyen enormemente en la lectura e interpretación de la imagen en traducción. Cada sistema simbólico deja profundas y numerosas huellas en la concepción y la definición de la imagen; en los usos de las formas y los colores simbólicos que resultan ser los de hoy pero no son los de ayer ni tampoco los de mañana; en los diferentes códigos semióticos y rituales simbólicos puestos en práctica en cada cultura; en el léxico de cada lengua; en el imaginario no sólo del texto sino también de la imagen que conforman el encargo de traducción.

 

4. La imagen en traducción: studium y punctum La imagen en traducción es un símbolo y no un signo. La excesiva importancia que nuestra cultura occidental ha otorgado a la palabra ha situado la imagen a remolque de la lengua y, por consiguiente, no sólo le ha otorgado un papel secundario sino que ha supuesto la equiparación de la imagen a un tipo de signo. ¡Nada más erróneo! El traductor debe pensar la imagen no como un signo más sino como un elemento paratextual esencial en la institución de lo simbólico como principio de estrategia textual. La imagen no es más que una simbolización icónica. La imagen en traducción debe leerse e interpretarse de forma simbólica porque, a diferencia del signo (caracterizado siempre por su temporalidad), la dimensión espacial de la imagen hace de ella una especie de pantalla que invita al traductor a explorarla y franquearla en busca del placer de estar «dentro» de la imagen y no sólo «frente» a la imagen. Si el traductor no consigue experimentar la sensación del placer de estar «dentro» de la imagen, la traducción de los videojuegos, por Leer e interpretar la imagen para traducir Trab. Ling. Aplic., Campinas, n(50.2): 257-280, jul./dez. 2011 265 ejemplo, está condenada al mayor de los fracasos. Leer e interpretar la imagen en la era digital, implica ser consciente de los diferentes tipos de relación que el espectador establece con la imagen en cada cultura. L’Occident a appris à traiter les images comme des signes. Cette conception de l’image lui a permis, depuis la Renaissance, de s’approprier le monde. Mais elle l’empêche aussi aujourd’hui de comprendre les enjeux des nouvelles formes d’images. Tel est le véritable danger. […] L’approche de l’image en termes de « signe » qui nous paraît pourtant « naturelle », fait obstacle à la compréhension des relations complexes que nous y nouons. […] Les sémiologues qui s’intéressent à l’image se sont rendu compte que la catégorie de l’icône de Peirce, centrée sur la ressemblance, est insuffisante à rendre compte des pouvoirs de l’image. […] La grande insuffisance de cette approche est d’utiliser un instrument qui n’est pas adapté à sa cible. L’instrument pensé par Peirce concerne en effet les relations internes entre le signifiant de l’image et son référent, alors que le problème principal posé par toute image concerne la relation que son spectateur noue avec elle. […] La pensée de l’image comme « signe » est globalement dangereuse et insuffisante. Dangereuse parce qu’elle place l’image à la remorque tu mot ; et insuffisante parce qu’elle ne rend pas compte de ses spécificités propres. […] l’image envisagée comme signe souffre d’une irrémédiable infériorité par rapport au mot. (Tisseron, 2003 : 29-30 y 128-129)

La lectura e interpretación de la imagen en traducción debe tener siempre en cuenta las condiciones y los efectos de su recepción en las estructuras simbólicas de la cultura de llegada. Cultivar el sentido de la mirada del traductor resulta ser esencial a la hora de leer e interpretar la imagen. Sólo aquellos paratextos icónicos cultivados por la mirada lectora e interpretativa del traductor se convierten en imagen para traducir. Es la mirada del traductor la que hace que toda imagen se constituya en espacio que debe explorarse en un encargo de traducción. Es el sentido de la mirada del traductor lo que permite desvelar los imaginarios implícitos y explícitos. Desde la noción de paratraducción como fundamento traductológico, la imagen puede ser considerada en traducción como un paratexto icónico cuya lectura e interpretación requieren de una cierta disciplina metodológica paratraductiva que cultive el sentido de la mirada del traductor. Dicha metodología paratraductiva, inspirada en la «regla estructural» establecida en su día por el propio Roland Barthes (1980), consistiría en que el traductor sea capaz de encontrar en toda imagen la copresencia de dos elementos discontinuos y heterogéneos que se producen entre el spectator y la imagen: el studium y el punctum. El studium es la palabra latina utilizada por Roland Barthes (1980: 48) para indicar ese movimiento de la mirada que parte del spectator (en nuestro caso, el traductor que deja de ver la imagen y empieza a mirar la imagen para-traducirla) y se dirige hacia la imagen. En cambio, el punctum indica el movimiento que parte de un detalle de la imagen y va dirigido hacia la mirada del spectator como una flecha que le hiere cual picadura puntuando la lectura y la interpretación de la imagen (Barthes, 1980: 49). En el primer movimiento, el studium, la lectura e interpretación de la mirada del paratraductor-spectator coincide con las intenciones generales creadas por el operator de la imagen ofrecida en su totalidad, mientras que el segundo movimiento, el punctum, desvía la mirada del paratraductorspectator para centrarla en un detalle que puede influir enormemente en la lectura e interpretación finales de la imagen. 

 

 

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